Los profesionales sénior seremos pronto imprescindibles y no querremos jubilarnos del todo

En entrevista con Antonio Gómez de la Vega, autor del libro’Cómo volver a trabajar después de los 40+’

Antonio Gómez de la Vega es un ejecutivo internacional, experto en liderazgo de equipos multiculturales, conferenciante y escritor sobre talento sénior y edadismo. Profesional con doble titulación universitaria y varios posgrados internacionales, habla tres idiomas, pese a lo cual, ha sufrido tres despidos (con 42, 51 y 54 años), en sus 30 años de carrera profesional.

Esos tropiezos laborales le han servido para escribir el libro Cómo volver a trabajar después de los 40+donde ofrece recetas prácticas, probadas en carne propia, sobre cómo vencer el edadismo de las empresas y qué actitud debe tener un profesional sénior para reincorporarse al mercado laboral.

“Los profesionales sénior nos convertiremos en imprescindibles: no querremos jubilarnos, al menos totalmente, y seguiremos trabajando de otra manera, como complemento a nuestras pensiones y para mantenernos activos y vivos. En un pasado relativamente reciente, éramos totalmente prescindibles. Pero eso ya está cambiando, y será la norma en un futuro cercano”, asegura, además de animar a los trabajadores sénior a “perder el miedo a exponerse en las redes sociales, puesto que son una herramienta de venta y una fuente de aprendizaje”.

La actitud, el aprendizaje permanente y la marca personal le parecen fundamentales. “En mi caso particular, desde que decidí cambiar (tras mi segundo despido), dedico una hora, todos los días, a aprender cosas nuevas que, paradójicamente, casi nunca tienen que ver con mi trabajo”.

“Tres errores a evitar cuando se busca trabajo después de un despido: victimizarse, culpabilizarse y minusvalorarse”

PREGUNTA.- El despido es un tema tabú, que avergüenza, sobre todo cuando llega a los 45, 50 o 55 años. ¿Qué aconsejaría usted a quien lo sufra?

RESPUESTA.- Lo primordial es no considerarnos estigmatizados. Los despidos pueden ser un bache en nuestra carrera, pero no son más que eso. Y nos dejan valiosas enseñanzas. En el actual mercado laboral español, se despide a una media de más de medio millón de personas al año, y la inmensa mayoría no tiene culpa de sus despidos, sino que se trata de circunstancias ajenas a sus desempeños profesionales.

P.- Usted decidió reinventarse tras dos despidos. ¿Qué aprendió, en lo personal y de cara a su vida profesional?

R.- Aprendí que el mercado laboral ha cambiado muchísimo, desde que empecé a trabajar hace ya más de 30 años, y hay que actualizarse, aprender y adaptarse en modo constante. En el libro llamo a esto la filosofía del Never Stop Learning, o nunca dejar de aprender. Tras mi segundo despido (con 51 años), me di cuenta de que seguía siendo el boomer que era tras mi primer despido (con 42) y que algo tenía que cambiar al respecto si me quería convertir en un profesional sénior del siglo XXI.

P.- En su libro, ‘Cómo volver a trabajar después de los 40+, da consejos extraídos de su experiencia como despedido. ¿Qué errores deben evitarse cuando se busca trabajo?

R.- Los principales errores a evitar son tres: victimizarse, culpabilizarse y minusvalorarse. No somos víctimas ni del sistema, ni de la empresa, ni de nadie. Nos ha tocado (como le toca a tanta gente, cada vez más en un mercado laboral mucho más flexible que hace años). Aceptémoslo y busquemos otra cosa. Si nos victimizamos, sacamos el foco de nosotros mismos y de lo que sí podemos controlar. Además, en la mayoría de los casos, tampoco somos culpables de nada. Nos ha tocado. Tenemos derecho a un tiempo de duelo. Intentemos que sea breve y después miremos al futuro. Y si, en efecto, somos culpables de algo (hemos cometido un error, o negligencia), aceptémoslo, aprendamos de ello y asegurémonos de no volver a hacerlo. Finalmente, nunca nos minusvaloremos por haber perdido un trabajo: si hemos llegado a este punto, si llevamos tantos años trabajando, será porque hemos hecho muchas más cosas bien que mal. Centrémonos en eso y no dejemos a nuestro Pepito Grillo que se centre en aquello que hayamos podido hacer mal (o hacer mejor).

“La actitud de los profesionales sénior no debe ser pedir trabajo, sino ofrecer nuestros servicios”

P.- ¿Y qué cosas hay que hacer, sí o sí, al buscar un empleo después de los 40 años?

R.- Según mi experiencia personal, destacaría tres cosas: actitud, filosofía y, por encima de ellas, una marca personal. Con respecto a la actitud del profesional sénior a la hora de buscar trabajo, debe ser muy distinta a la de un profesional más joven, porque los sénior tenemos expertise (formación más experiencia), mientras que los más jóvenes solo tienen formación… y eso tiene un valor. ¡Hagámonos valer! Nuestra actitud, en tanto profesionales sénior, no debe ser la de pedir trabajo, sino la de ofrecer nuestros servicios. En cuanto a la filosofía que mencionaba antes, esta debe ser de aprendizaje constante. Actualizarse, aprender y adaptarse todos los días. Desde comienzos del siglo XXI, los cambios se producen a velocidad de vértigo y en todas las áreas de conocimiento … y para coexistir con las nuevas generaciones, tenemos que estar a su altura en esto. En mi caso particular, desde que decidí cambiar (tras mi segundo despido), dedico una hora, todos los días, a aprender cosas nuevas que, paradójicamente, casi nunca tienen que ver con mi trabajo. Y, en tercer lugar, lo que para mí es más importante, construir nuestra marca personal, aquello que nos hace únicos, diferentes al resto y atractivos para nuestro público objetivo (un público que todos tenemos, pero que debemos encontrar). Lo que ocurre es que muchos profesionales sénior, sobre todo si llevan muchos años en la misma empresa, no tienen una marca personal propia e independiente de su puesto de trabajo. Eso es lo primero que tenemos que trabajar a la hora de volver a trabajar.

“Para mantener nuestro nivel de vida en la jubilación, necesitaremos generar ingresos adicionales”

P.- Cada vez que hay un recorte en una empresa, los trabajadores mayores son los primeros en ir a la calle. ¿Qué pasará cuando empiece la jubilación masiva delos baby boomers?

R.- Lo que pasará es que, como las pensiones que nos llegarán serán escasas, viviremos más tiempo y necesitaremos más ingresos. Los profesionales sénior nos convertiremos en imprescindibles. No querremos jubilarnos, al menos totalmente, y seguiremos trabajando de otra manera, como complemento a nuestras pensiones y para mantenernos activos y vivos. En un pasado, relativamente reciente, éramos totalmente prescindibles. En la actualidad, empezamos a ser necesarios, por la inversión de la pirámide poblacional. En un futuro muy próximo, nos convertiremos en imprescindibles, pues dada la nueva longevidad cada vez vivimos más tiempo y en mejores condiciones físicas y mentales.

P.- En 2027 en España, la edad de jubilación ordinaria será ya de 67 años. ¿Ve posible una España de gente de casi 70 años trabajando?

R.- No solo la veo posible, sino que la veo necesaria. Tanto para la sociedad, como para los individuos. Nos jubilaremos, sí, pero muchos de nosotros, si queremos mantener nuestro nivel de vida (al que estamos acostumbrados), necesitaremos generar ingresos adicionales (nuestras pensiones serán cada vez menores), ya que viviremos más años y en mejores condiciones de salud. Seremos más activos que la generaciones que nos precedieron. De lo que se trata, en mi opinión, no es de si trabajaremos más allá de la edad de jubilación, sino de en qué y cómo trabajaremos. Y tenemos que hacerlo en algo que nos guste y al ritmo que nos marquemos nosotros. En mi libro, a esto lo denomino el plan B, y tenemos que empezar a trabajarlo mientras aún estamos en el plan A. No esperemos a jubilarnos o, peor aún, no esperemos a que nos despidan, para preparar un plan B.

“El edadismo (discriminación laboral por razón de edad) es una cosa, y la discriminación laboral por sexo es otra”

P.- ¿Los mayores de 50 o 55 lo tienen todavía peor que los de 40? ¿O piensa que los problemas son parecidos?

R.- Me encantaría decir que los mayores de 50 no lo tienen peor que los mayores de 40, pero no es cierto. El edadismo existe y se acentúa conforme cumplimos años. Los problemas son parecidos, pero parece que cuanto mayores somos (o parecemos) tenemos menor capacidad para resolverlos. Y eso no tiene por qué ser cierto. Tanto el cuerpo, como el cerebro de las personas evoluciona de una manera diferente, y no siempre ligado a su edad biológica. Y esto no lo tiene en cuenta el edadismo de nuestros días, que parece solo fijarse en la fecha de nacimiento de nuestros DNI.

P.- Según su experiencia, ¿las mujeres mayores sufren más el edadismo a la hora de ser contratadas o despedidas?

R.- Creo que no. El edadismo (discriminación laboral por razón de edad) es una cosa, y la discriminación laboral por sexo es otra. Es cierto que las mujeres, históricamente y aún hoy (afortunadamente, en menor escala cada día) han sufrido discriminación respecto a los hombres. No creo necesario poner ejemplos, pero el más evidente es el de las mujeres en edad de ser madres. Pero si hablamos de profesionales sénior (mujeres y hombres mayores de 45 años), la discriminación por razón de sexo creo que no entra en la ecuación.

“El profesional sénior debe ver las redes sociales como un arma, y no como un handicap”

P.- Las redes sociales y la digitalización, ¿son la respuesta para encontrar empleo? ¿O son un handicap para los trabajadores sénior?

R.- Yo diría que forman parte de la respuesta, y que en nuestras manos está hacer de ellas un arma y no un handicap. Eso sí, para ser competitivos en un mundo como el actual, es esencial que sepamos, no solo utilizarlas, sino sacarles todo su partido. La digitalización ha venido para quedarse. Aunque hayamos nacido en la era analógica, ahora estamos en la digital. ¿Y sabe una cosa? Esta es también nuestra era. No me gusta nada oír a personas mayores de 45 años decir eso de “… en mi época …”. Ésta también es nuestra época. Nos queda mucho por vivir. Actualicémonos, aprendamos y adaptémonos a cada momento que vivamos. Por otro lado, las redes sociales, que son una parte muy importante de la digitalización, tenemos que trabajarlas a fondo. Son una herramienta muy poderosa. No podemos renunciar a ellas y dar así ventaja a tantísimas otras personas (nuestra competencia) que sí las utilizan. Las redes sociales son dos cosas: una herramienta de venta y una fuente de aprendizaje, y debemos utilizarlas en sus dos dimensiones, con generosidad. En mi libro, dedico un capítulo extenso a quitar el miedo a los profesionales sénior a exponerse en las redes sociales. De entrada, no se trata de exponerse, ni siquiera de venderse. Se trata de marca personal y de aprendizaje.

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