Creatividad para impulsar el desarrollo sostenible

La creatividad es un elemento esencial no sólo de la vida espiritual, sino también de la vida material y económica de las sociedades e individuos.

Es reconocida como un recurso renovable e ilimitado porque podemos encontrarlo en cualquier lugar, permitiéndonos plantear nuevas oportunidades para crear el mundo que queremos, uno más equitativo e inclusivo para no dejar a nadie atrás y no dejar a nadie afuera, como se menciona en la Agenda 2030.

La creatividad estimula la innovación y tiene un impacto en los procesos de cambio transformativo, como un insumo primordial para dinamizar a la economía, las industrias y otros sectores sociales.

Por eso, en la 74° sesión de la Asamblea General de Naciones Unidas se declaró el 2021 como el “Año Internacional de la Economía Creativa para el Desarrollo Sostenible” (AGNU, 2019).

¿Qué es la Economía Creativa? 

El origen de esta economía es la creatividad humana, en cada sector de la cadena productiva permite a bienes, servicios y actividades de contenido cultural y/o artístico y/o patrimonial, llegar al público y al mercado. Propiamente, Naciones Unidas definió a esta economía como “las actividades derivadas del conocimiento, sobre las que se basan las ‘industrias creativas’”, siendo el resultado de las conexiones que se forman entre la creatividad humana, las ideas, la propiedad intelectual, el conocimiento y la tecnología.

Por lo tanto, la economía creativa ofrece importante valor comercial y cultural, incluyendo las actividades relacionadas, como el comercio, la mano de obra y producción, sustentado en la libertad de expresión y los derechos culturales (UNESCO, 2021).

¿Qué son las industrias creativas? 

En las industrias creativas se encuentran representados los sectores de las artes, la cultura, la tecnología y los negocios que usan el capital intelectual como su recurso primario. Algunas actividades de las industrias creativas son: publicidad, arquitectura, artes, escultura, diseño, producción audio-visual, artes escénicas, investigación y desarrollo, innovación tecnológica, entre otros (UNCTAD, 2008).

Las industrias creativas incluyen sectores cuyo modo de operación es la reproducción industrial o semi-industrial con la posibilidad de reproducir y distribuir a gran escala sus productos, y por la otra, sectores en los que los bienes, servicios y actividades no son reproducibles de manera industrial y operan a pequeña o mediana escala (de forma artesanal).

En México, las industrias creativas representaron el 75% del PIB cultural en 2019, que representó 588,016 millones de pesos aproximadamente. En este rubro destacó la participación de los medios audiovisuales, artesanías, diseño y servicios creativos, como se muestra en la siguiente tabla:

Con base en lo anterior, se puede afirmar que las industrias creativas son apoyo importante para la economía y pueden lograr una recuperación sostenible e inclusiva; con beneficios a largo plazo, incluidos, entre otros, una mejora de la calidad de vida, la estimulación de la innovación y, gracias a ello, una economía más resiliente con mayor capacidad de adaptarse ante los desafíos internacionales (UNCTAD, s/f).

En el Marco de Seguimiento de la Convención para la Protección y Promoción de la Diversidad de Expresiones Culturales 2005, se establecieron cuatro objetivos para fomentar un ecosistema creativo que dé un impulso a las industrias culturales (UNESCO, 2015).

De esta manera, las industrias creativas, a través de la innovación, el emprendimiento y el empleo de bienes y servicios culturales demuestran que es posible aprovechar respetuosamente el patrimonio material e inmaterial para conducir hacia un desarrollo sostenible, porque motivan la participación de las personas, el respeto por la diversidad, el empoderamiento y la inclusión (sin importar la edad, sexo, etnia y estatus económico).

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